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12.5.10

Miércoles, día del espectador.

"Los años bárbaros", película dirigida por Fernando Colomo, narra, aunque de modo heterodoxo, la historia real de dos estudiantes, Nicolás Sánchez-Albornoz y Manuel Lamana, que fueron condenados en 1947 por realizar una pintada en la Facultad de Letras de la Universidad Central (ahora Complutense) con nitrato de plata, una sustancia indeleble y que reacciona con la luz (usada en la composición de la película de los carretes de fotos).

Aunque la película discurre en tono de comedia, los hechos no fueron, ni de lejos, tan graciosos, aunque su fuga desde Cuelgamuros hasta Francia sí fue real.

Aún hoy, si queréis, podéis ver las pintadas en la parte trasera de la Facultad de Filosofía y Letras, en la Ciudad Universitaria, sobre la actual cafetería.


8.5.10

Un repaso de abril.

El viernes 9 tuvimos reunión de la CEF y del Consejo Federal. Vamos ya arrancando de cara a las elecciones de mayo de 2011.

El sábado 10 me acerqué a Collado Villalba, a seguir el desarrollo del Foro Joven de JSM.

El día 13 fue el día en el que dijimos que todos los poderes públicos están sometidos a la opinión del pueblo, del que emanan esos mismos poderes, el día en que nos opusimos al procesamiento de Baltasar Garzón, un procesamiento que supone una vergüenza en nuestro sistema constitucional, un procesamiento en el que se trata de acallar a un juez por perseguir la corrupción y los crímenes franquistas, una persecución hecha en nombre de una independencia judicial en la que se mezclan intereses políticos entre algunas partes y algunos jueces. Y el día en que pudimos expresar nuestro apoyo al rector Berzosa, elegido con nuestros votos, y perseguido por pensar diferente.

El viernes 23 estuve en la campa de Villalar de los Comuneros, con los compañeros de Castilla y León, en el día de su Comunidad Autónoma, conmemoración de la derrota de los Comuneros frente a las tropas imperiales.


Un ambiente y un día festivo reivindicativo clásico de toda la izquierda. Una muy buena acogida a Óscar López, Secretario General del PSOE de Castilla y León, que presentaba su campaña y lema: Puro cambio. Y una acogida igual de buena para José Blanco, que demuestra que Castilla y León es una prioridad para los socialistas de cara a 2011.

Un gran día con los compañeros de JSCyL, que vienen además realizando una intensa labor de denuncia de la despoblación joven que padece su Comunidad. Allí estuve con Dani, Toño, Fran, Alfonso, los Rubenes, María, Noelia, Charo, Carlos, Rebeca... y una buena representación de la CEF con Sergio, Noemí, Sheila, yo mismo y el de la tierra, Alfonso: tantos y tan buen rollo!!

Y al día siguiente, sábado 24, para Murcia, a la Escuela de Primavera de JSRM con Alfonso Espinosa. Lo dije en mi intervención y lo repito ahora: a pesar de estar en una Comunidad Autónoma con mucho en contra, los compañeros y compañeras de JSRM realizan una incesante labor de oposición al gobierno murciano, pero también de demostrar la buena gestión en los municipios gobernados por socialistas, como Calasparra, donde se desarrolló la Escuela. Y también gracias a todos ellos, a Presen, a Mireia, a Paco, a Juan Antonio, a David, a Aira, a Sergio... y seguro que me dejo a alguien.


En el PSOE de Ciudad Lineal, abril fue el mes en que se presentó en la Agrupación el Plan de Cercanías que el Gobierno de España va a desarrollar en Madrid (para que luego Espe diga que no invierten), el mes del homenaje a la II República, de la visita de Elena Valenciano, de la charla sobre el pacto educativo...

14.4.10

Yo apoyo a Garzón: La impunidad ejemplarizante.

"... hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona."
Antonio Machado, en "El mañana efímero".

Estos versos de Machado nos caen hoy como una profecía, y como una losa.

Cuando transcurren ya 71 años y apenas un par de semanas del fin de la Guerra Civil, quienes lograron ponerle término entrando en Madrid quieren hoy avanzar aún más, no sólo con la impunidad, sino más allá, con el ataque directo, el socavamiento, el proxenetismo hacia uno de los poderes del Estado, que es el judicial.


No les vale con conseguir la impunidad que no deberían tener. Antes al contrario, quien ha tratado, como Baltasar Garzón, de poner un mínimo coto a los desmanes cometidos por el régimen de Franco, padece hoy una persecución implacable quizás por el único estamento público que no ha sido profundamente reformado desde la promulgación de la Constitución de 1978.


Y es bien cierto, porque si el Ejército, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las cárceles, y todos los vínculos directos con los derechos y libertades de los ciudadanos han sido ampliamente reformados, el Poder Judicial sigue siendo, en demasiados casos entre sus integrantes, un reducto para el corporativismo, entendido éste en la total ausencia de sustrato democrático, y el mantenimiento en estas magistraturas de apellidos, personas y familias cuyo abolengo es tan rancio como sus ideas políticas, en abierto desapego con la escala político-jurídica constitucional.


Sólo bajo el triunfo del retorcimiento de las leyes, algo que como licenciado en Derecho me asquea, se puede tolerar el punto al que se ha llegado con Baltasar Garzón. Pero no nos equivoquemos: lo que en primer lugar ha de quedar claro es que Garzón es, en estos días, exclusivamente un ejemplo, un experimento objeto de juicio ejemplarizante por el fascismo de toga y puñetas. Las acciones emprendidas por Garzón que son objeto de persecución política por vía jurídica son la representación misma de una escala de valores en la que muchos, y debiéramos ser todos, españoles nos sentimos representados. El ataque no se dirige contra él: es un ataque mismo al Estado de Derecho, a la sujeción de todos al imperio de la Ley.


Se pretende, por tanto, que determinadas actitudes, sean las de los cómplices y descendientes del franquismo, sean las de los autores y cómplices de uno de los casos de corrupción política más amplios de nuestra reciente historia, queden sencillamente impunes y, aún más, se trata de que quien pretenda lo contrario salga escaldado.


Vemos con estupor que se dirigen contra Garzón tres querellas, una de ellas instruida por magistrado, señor Varela, que, si tuviera un mínimo de dignidad profesional, se hubiera abstenido, dados sus intereses para con los querellantes, de tomar partido en el asunto. Lejos de ello, lejos de que el CGPJ le investigase por seguir ahí, sin abstenerse, observamos con más estupor aún que el gobierno de los jueces se inunda de infame corporativismo, defiende a Varela y ataca a las organizaciones que han salido en defensa del juez Garzón, que son, en el caso de ayer, los sindicatos mayoritarios UGT y Comisiones Obreras.


Y les atacan como les ha atacado también la número dos del principal partido de la oposición, Dolores de Cospedal, quien no ha dudado, náuseas aparte, en calificar de "antidemocrático" el acto de los sindicatos ayer, en la Universidad Complutense. Qué casualidad, Cospedal, del mismo partido que quien apoyó y justificó el uso de la violencia contra el Rector de la misma Universidad no hará ni medio mes.


Alguien debería recordar a los miembros del CGPJ, y al PP (qué pena), que no supone ningún problema en este país ejercer el derecho de reunión pacífica y expresar libremente las ideas, derechos ambos recogidos en la Constitución, y menos si esos derechos se ejercen en una convocatoria sindical, cuando los sindicatos ocupan un lugar destacado también en la Constitución, nada menos que en el séptimo artículo. Y es que la paz social está en juego, así como los intereses de muchas personas, fallecidas y vivas, que fueron masacradas por el mero hecho de ejercer la libertad sindical. Quizás haya que aclararles que el ejercicio de la libertad sindical de hoy pasa también por la defensa de los intereses de quienes ejercieron la libertad sindical en el pasado. Ningún sindicato puede hoy sentirse cómodo moralmente si no puede libremente defender a sus sindicados, aunque éstos lo fueran hace 70 años.


La crítica a los poderes públicos, a los tres, la formación ciudadana de una conciencia crítica con la actuación de los poderes públicos, entendida la crítica en el sentido amplio, positivo y negativo de la palabra, es necesaria para la salud de nuestra democracia. Consentir o pretender que un poder del Estado, que según la Constitución emana del pueblo, quede fuera del juicio del pueblo es, sencillamente, aberrante. Tolerar que quien dirige ese poder del Estado responda del modo como lo ha hecho a la crítica ciudadana y de actores constitucionales como son los sindicatos, es igualmente una ignominia.


Pero también está en solfa la independencia judicial. Y aquí es donde la derecha extrema saca su clásico sistema de las dobles varas de medir. Si uno ataca al juez Garzón en relación con la investigación de Gürtel, o del franquismo, o de cualquier cosa que no convenza a los hijos del odio, el hecho está justificado, Garzón prevarica y se ponen todos los cuidados procesales y la celeridad debida para sentar al magistrado en el banquillo de los acusados. Si lo que uno critica es a los jueces que juzgan a Garzón, comete una tropelía antidemocrática que ataca la raíz misma de la democracia, ése juego del que la derecha prescinde cuando no tiene naipes ni para juego ni para pares.


Si de instruir una causa contra Garzón se trata, la rapidez es total. Si de señalar quién es competente para juzgar los crímenes del franquismo se trata, se puede dictar un auto en el que parte del Tribunal Supremo deje claro de quién no es competencia, pero se tome un tiempo incompatible con la tutela judicial efectiva para decir quién es competente, en abierto choque con los principios procesales más elementales.


Han estado pacientemente expectantes. Vieron con una mueca el procesamiento de Augusto Pinochet, uno de los dos jefes de Estado que acudieron al entierro del dictador Franco. Se aseguraron, a través del gobierno del PP, de que el avión de Pinochet saliera para Santiago de Chile y no para España, no tramitaron un acto debido, como era la extradición del traidor y genocida. Pero entonces no era su dictadura: sólo la de unos amigos. Cuando la marea de la reparación y la justicia comenzó a inundar su propio régimen, entonces se desperezaron y mordieron pero, reitero, no muerden a Garzón. Muerden la posibilidad misma de someternos todos a la Constitución y a las leyes, o lo que es lo mismo, subvierten el orden constitucional y la paz pública, porque no estaré tranquilo si mañana matan a alguien por sus ideas políticas y nadie me asegura justicia al menos en setenta años.

8.4.10

No son gamberros.

Como sabéis, hace unos días un grupo de residentes en determinados colegios mayores dependientes de la Universidad Complutense agredió e insultó al Rector de la misma, Carlos Berzosa.

En un principio, protestaban por la conversión en mixtas de sus residencias. El mantenimiento de "determinados valores" inherentes a que sean colegios mayores para residentes de un solo sexo era el eje alrededor del cual giraba todo su argumentario.

Podríamos pensar que la agresión no pasa del límite de la mera gamberrada, del "se nos ha ido de las manos". Es curioso observar cómo la Comunidad de Madrid, con Lucía Figar como Consejera de Educación, la misma Comunidad Autónoma de la autoridad de los profesores, de la tarima y no de los ordenadores, de la regla en la palma de la mano, no sólo no se pone del lado del Rector y le ampara frente al empleo de la violencia, sino que se reúne, se sienta a dialogar, con los residentes, escucha sus "demandas".

Mientras, el Rector Berzosa, una autoridad en el sentido del Derecho Penal que tanto manosea Esperanza Aguirre, la cabeza jerárquica de la mayor administración pública no territorial de la Comunidad de Madrid, afronta un emparedado: de un lado, estudiantes que derivan su protesta, de centrarla en el carácter mixto de los colegios a las deficiencias de los mismos; de otro, una Comunidad de Madrid que dialoga con los estudiantes sobre las deficiencias al tiempo que, con la otra mano, le niega la financiación no sólo suficiente, sino debida, a la Universidad Complutense.

Si de financiación se trata, podemos mencionar los recortes del Gobierno regional. En Universidades, de 1.127 millones en 2009 a 1.084 millones de euros en 2010, una caída del 4%. Un recorte que se centra en inversiones, que caen un 71%, dejándolo en un 15% de lo que eran hace dos años. En I+D+i: se dota con 178 millones, un 4% menos que en 2009, mientras que el Gobierno de España destina el 27% de los gastos en I+D+i de los Presupuestos Generales del Estado en el territorio madrileño, lo que supone más de 2.100 millones de euros, frente a los 178 del Gobierno de Aguirre.

Pero, ¿qué está en juego en todo este entramado?
Podríamos pensar que está en juego la capacidad de la Universidad Complutense de sobreponerse a la protesta y hacer los colegios mixtos, algo que, con la Constitución abierta, y no debajo del brazo, debería caer por su peso si el colegio mayor se sostiene con dinero público. Poner en duda la capacidad de la Complutense para hacer mixtos los colegios ya es, de por sí, un paso atrás.

Pero está en juego, en primer lugar, el calentamiento del clima electoral de cara a las elecciones a Rector. Y aquí, los vándalos estudiantes y Atila cabalgan juntos y ya sabemos lo que pasa con la hierba. Ni por un segundo más una Administración del tamaño de la Complutense puede seguir, en el paraíso neocon, controlada por la izquierda, en opinión de los que están al otro lado de la frontera, o de la trinchera, preparando el asalto a la Ciudad Universitaria.

Y lo que es más importante, está en juego la autonomía universitaria misma. Es un aspecto que a la derecha siempre le ha irritado. El templo de la Razón, fuera del control político ordinario. Con el jaleo montado (hay mañanas que pienso que premeditadamente) por los estudiantes, la derecha madrileña ha abierto campo bastante para poner en tela de juicio las cuentas de la Universidad, si invierte mucho o poco en los colegios mayores, en qué se gasta el dinero o se lo deja de gastar... y en cuándo se producirá la auditoría de la Cámara de Cuentas regional, en la que una sustancial parte de sus integrantes comparte con gusto y ostentación mesa, mantel e ideales de derecha extrema con el Gobierno regional a quien debería controlar, en otro ejemplo claro de degradación democrática de la Región.

Sinceramente, la actuación violenta de ciertos residentes no era más que el inicio de la estrategia clásica de acción-reacción que pone la derecha en marcha cuando se trata de dar un zarpazo a un poder que no controla. Y eso lo hemos visto muchas veces en la Historia.

El Rector sí que es una autoridad. Y esto, un Estado de Derecho que se viste por los pies y que debe dar una respuesta ejemplar (que no ejemplarizante) sobre lo que pasa con quien zarandea al Rector y, por tanto, al poder público.

No son gamberros, no es una chiquillada. En la minusvaloración de los violentos, en la disculpa, está el socavamiento mismo de la cosa pública.

9.5.07

Las otras elecciones. Segunda vuelta y lecciones de Francia (2002).

Mientras los franceses elegían su próximo Presidente de la República y los españoles empezamos la campaña para las elecciones autonómicas y municipales, ha habido otras elecciones que son también de una importancia capital para la izquierda madrileña: las elecciones a Rector de la Universidad Complutense, la Universidad más grande de España, con un alumnado de casi 90.000 personas.
Hoy miércoles se celebra la segunda vuelta, a la que se han clasificado Carlos Berzosa (actual rector y candidato de la izquierda) y Ángel Nogales (aspirante de la derecha).
Berzosa, catedrático de Economía Aplicada, se presentaba con el aval de haber terminado con uno de los mayores agujeros económicos de una Administración Pública (si no contamos con el de Televisión Española), un agujero que hizo echarse las manos a la cabeza a la Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid y al propio Tribunal de Cuentas, con partidas millonarias heredadas de la época de la derecha destinadas incluso a pagar seguridad privada a miembros del PP.
Pero es un hecho insólito que haya habido segunda vuelta, dado el apoyo recibido por Berzosa en la primera (más de un 45%). La culpa debe encontrarse en que hubo otros dos candidatos en la primera vuelta: Gustavo Villapalos (catedrático de Historia del Derecho, ex-consejero regional de Educación y del ala derecha del PP, fue Rector hace unos años) que obtuvo un 15% y Francisco Aldecoa (otro candidato de la izquierda, pero apoyado por la extrema derecha por aquello de dividir el voto de la izquierda) con otro 15%.
Sí, insólito: un candidato de la izquierda como Francisco Aldecoa decidió presentarse de modo free-lance y cosechó el apoyo de José Iturmendi (conocido Decano de Derecho, mi Facultad, y conocido ultraderechista, además de sobrino de un ministro de Justicia de Franco, de los de los primeros gobiernos tras la Guerra Civil). No hay más que ver los resultados de Aldecoa en la Facultad de Derecho, siendo el tercero tras Villapalos (que es catedrático en dicha Facultad) y Nogales (que sólo le sacó 2 votos).
Carlos Berzosa, con la afinidad de PSOE, IU, CC.OO., JSE y JIU, cosechó un porcentaje que, de haber sido el único candidato de la izquierda, hubiera evitado la segunda vuelta.
Pero, apoyado por un sector de UGT cuya estrategia, en mi opinión, es profundamente equivocada (véanse los porcentajes de voto en PAS y profesorado), Aldecoa no logró sino cosechar un escaso apoyo que impidió una victoria común de la izquierda que hubiera sido un mazazo en la conciencia de una derecha complutense que yo he padecido en carne propia y que, quizás, alguno de los que apoyó a “Patxi” ni siquiera conoce.
No puedo sino acordarme de las elecciones presidenciales francesas, donde la codicia de los candidatos de izquierda relegó a Jospin y clasificó a Le Pen. Hoy, por suerte, la izquierda ganará en la Complutense, por lo que la comparación no es tan grave, pero parece que nunca aprendemos.
Aquí podéis ver los resultados de la primera vuelta.