17.8.09

En la República Dominicana.

La primera vez que un gringo probó el plátano majado preparado por un dominicano (se ve que en la ocupación estadounidense de la isla) le gustó, y desde entonces, el plátano majado es conocido como mangú (de “man” y “good”).

Probé el mangú en el desayuno, con cebolla, porque fui a la República Dominicana, a un seminario organizado por la AECID y el PNUD sobre "Construcción de Propuestas Políticas y Programas electorales de Juventud", en el que Pablo Álvarez Pichel, por Nuevas Generaciones del PP, y yo mismo, por Juventudes Socialistas de España, trabajamos con los jóvenes del arco político dominicano para la elaboración de programas, propuestas y políticas públicas de juventud.


No pudimos dar nada por supuesto. La realidad, el desarrollo socio-económico, la vida política y la cultura de la República Dominicana son muy diferentes de lo que podríamos pensar.


El seminario arrancó con palabras de Rafael Juliá, desarrollador de la parte juvenil del proyecto, a quien le agradezco la atención y la acogida. Hubo espacio para que hablasen las organizaciones internacionales políticas juveniles (la liberal y la IUSY, esta última a través de mi amigo paraguayo Isaac Almirón), para que hablase el presidente el Consejo de la Juventud de España, Daniel Lostao y, en una parte desarrollada en la casa de las Naciones Unidas en Santo Domingo, para la intervención de los Consejos de Juventud latinoamericanos y de Mario Esteban, expresidente del CJE.


Mientras tanto, trabajo intenso de Pablo con los partidos conservadores y de mí con los de izquierda, con partes conjuntas y comunes para ambos espectros ideológicos y para ejercicios más o menos prácticos para poner las bases de propuestas políticas jóvenes de modo autónomo a los respectivos partidos, su elaboración, su debate interno, su puesta en marcha, el descarte de medidas inviables, su salida a los medios de comunicación, preguntas y preguntas, con y sin respuesta. Y nuevos y buenos amigos en todos los partidos, la posibilidad de que nos escriban con cualquier duda y cualquier pregunta.


También hubo un tiempo para salir más allá del hotel (hotel El Embajador, en el que por cierto se rodaron escenas de El Padrino II). Santo D
omingo es una ciudad extensa en la que, con la excepción de la zona colonial, las calles son anchas y arboladas. Bañada por el Caribe, el mar golpea incesante el malecón y, en los días en que estuvimos, el calor nos ahogaba mezclado con una humedad que nos era desconocida.


En la zona colonial, casas bajas, humildad, comercio, recuerdos de la época española, de Colón, de un pasado ya lejano, barcos atracados, noches de ron y de media luz, pesos y dólares, artesanía y tabaco, merengue y caderas moviéndose.


Luego vienen cifras que nos cuenta Rafael y que deducimos y debatimos en el diálogo con los jóvenes políticos dominicanos: clientelismo, problemas de acceso a la educación, problemas de acceso a la sanidad, infraestructuras, desarrollo humano, acceso a Internet… Pero, a pesar de todo eso, uno se queda con la sonrisa y la hospitalidad.

1 comentario:

Hipolito Garcia dijo...

Agradezco a maodo personal la buena percepcion que planteas en el articulo, con exactitud es algo natural en el dominicano lo que plasmas en los párrafos; para nosotros jóvenes políticos dominicanos nos encantó sobremanera el poder compartir, aprender y cosechar nuevas e interesantes amistades, siempre estaremos pendiente de los buenos e importantes consejos que nos ha facilitado y esperamos seguir en comunicación!!!

Hipólito García Rosario
Juventud PRSD